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Administrando el Cambio

Por T. Ray Rachels, Superintendente
Distrito del Concilio del Sur de California de las Asambleas de Dios
(Originalmente impreso en la edición de The Informant en Junio del 2005)

Un museo en Corpus Christi, Texas contiene una exhibición del esqueleto de un Cenzontle. Dentro del esqueleto esta la cáscara de un huevo grande. El pájaro produjo un huevo muy grande para el y murió tratando de ponerlo.

¡Un líder que promueve o se enfoca en las enseñanzas que no igualan la selectividad teológica de la mayoría de las personas en su congregación entiende como ese cenzontle pudo haberse sentido!

Cuando usted siente que es necesario el cambio y busca para poder iniciar ese cambio, antes de tener a su directiva y congregación de su lado, no espere que estén tan emocionados como usted, habrá desacuerdos.

La gente sigue a un buen pastor a donde quiera que vaya cuando se establece una buena confianza. Y ganarse la confianza envuelve trabajo y tiempo.

Cuando este tratando de hacer un cambio, el rol más importante de un pastor sabio es poder determinar los parámetros y limites en el cual los comités o directivas hacen su trabajo. La idea es de dar tareas a gente competente; déjeles saber que es lo que se necesita hacer y cuando; capacítelos; y libérelos para hacer su trabajo.

El error más común es tratar de cambiar mucho, muy rápido, muy pronto. Sobreestimamos lo que podemos hacer en un año y subestimamos lo que podemos hacer en cinco años.

Al guiar a gente hacia un paso realista de cambio, Paul Mundley, director del Centro Andrew, una agencia sin denominación para ayudar a líderes de iglesia, sugiere que pastores eficaces y líderes siguen estos principios:

  1. Afirmar que ser grandioso no es siempre bueno. Demasiado ambicioso, planes grandes no siempre son para el mejor interés de una iglesia local. En muchos casos, ser pequeño es hermoso, beneficioso y mejor. El guru de administración, Charles Handy, nos recuerda que muchas veces las cosas aparentemente insignificantes son las que alteran la vida mas profundamente:

    “La chimenea, por ejemplo, pudo haber causado mas cambio social que cualquier guerra. Sin una chimenea, todos tenían que juntarse en un lugar central alrededor de una fogata, con un hoyo en el techo. La chimenea, con sus húmeros separados, hizo posible para que un lugar pueda calentar varios cuartos. Unidades pequeñas podían juntarse independientemente. La cohesión de la tribu en el invierno se fue.”

    ¿Dónde tiene que construir chimeneas – en ves de fogatas – en la vida de su congregación?

  2. Afirmar que el viaje de muchas millas se hace en muchos pasos. La mayoría de nosotros sobreestimamos lo que se puede hacer en un año y subestimamos lo que se puede hacer en una década.

    La mayoría de los esfuerzos para cambiar deben hacerse paso por paso, tabla por tabla. Un cambio que se tarda tres años no puede llevarse acabo en tres meses. Pero si puede ser repartido en una serie de cambios pequeños.

    Una secuencia de pasos múltiples le da a la gente tiempo para ajustarse a cada cambio pequeño conforme viene.

  3. Afirmar que una medida no le queda a todos. Las congregaciones pueden pensar que la noción de un cambio exitoso en un lugar puede automáticamente funcionar en su iglesia.

    Cada congregación tiene su propia identidad única, definida por su cultura, sistemas y temperamento. El tamaño de la iglesia afecta el enfoque que un líder debe intentar hacia los programas y ministerios. Por ejemplo, tal vez no sea sabio forzar un programa altamente estructurado a una iglesia pequeña.

  4. Afirmar que sumar es mejor que restar. El cambio es mejor cuando multiplicamos las opciones de las personas, en ves de “desconectar” actividades agradables. Agregando un grupo pequeño el Sábado en la mañana para mujeres que trabajan es preferible a quitar el circulo de cocer los Martes en la mañana (¡no importa que tan chismosas se han hecho!)

  5. Afirmar que la provisión de Dios acompaña a la visión de Dios. Sueñe los sueños, pero cuente el costo. Desafíe a los comités o equipos de trabajo con una pregunta fundamental: “¿Tenemos los recursos mínimos necesarios – en términos de tiempo, dinero, gente y energía – para poder llevar acabo este esfuerzo?” Siempre habrá tensión entre la visión y la provisión.

El cambio es bueno cuando se administra bien. ¡Que Dios nos guíe hacia los cambios que tiene para nuestras congregaciones!