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Once maneras para maximizar su potencial para predicar

Por Rev. T. Ray Rachels, Superintendente
Del Consejo Distrital del Sur de California

Todos nosotros hemos conocido la “alegría de la victoria y la agonía de la derrota.” No en el ámbito de los deportes, pero en la predicación.

Mire este escenario, por ejemplo. Allí está usted tomado del pulpito, los nudillos blancos, un sonido en su cabeza, no puede pensar correctamente.

Se da cuenta que lo que tenía planeado hablar, es difícil de decir, y creía que lo podía decir, y nada sale.

Su mente, instrumento bendito que debería de ser, no está procesando el material para su lengua en la manera que lo tenía planeado.

Usted habla, pero le hace falta el punto.

Sus puntos están muy borrosos, la historia que pensó era especial no funciona. Por alguna razón desconocida no la puede decir correctamente.

Está sudando.

Está pensando, “Si tan solo puedo pasar estos próximos minutos, quizás pueda salir por la puerta trasera antes de que alguien me alcance.”

Está orando por liberación mientras habla, pero se da cuenta que la liberación no viene. ¡Solamente la puerta lo puede salvar!

Después en angustia jala las sabanas sobre su cabeza mientras dice: “Por favor, déjenme en paz por un momento.”

¿La escena le recuerda algo personal? Probablemente, ¡en un punto o en otro!

He estado en ambos lados tanto del lado del pulpito y las bancas. En el lado de las bancas, escuchando a una pobre alma que lucha con decirlo con gran fervor; y el lado del pulpito, haciendo lo mismo yo también, orando por un rápido, y misericordioso final.

Cuando le pasa a usted, hay una tendencia de creer que solo le pasa a usted. Otra gente son inteligentes, articulan bien, espirituales, y por amor de Dios, demasiado amados por Dios como para fallar en esta manera.

Además, es solo una prueba de lo que ya sabias en tu corazón desde hace ya mucho tiempo: simplemente tú no fuiste hecho para el ministerio en primer lugar.

Haz escuchado a los grandes. Siempre en lo alto. Haz escuchado a los no muy grandes. Se miran que están en lo alto, también. Te haz escuchado a ti mismo. ¿Dónde está la puerta?

Cuando estamos chocando con estas orillas de predicación, reaccionamos de diferente manera:

            Algunos no saben que están chocando.
            Algunos no saben, y no saben que no saben, y
            Algunos saben y saben que saben, y saben que otros
Saben, también.

¿Qué se puede hacer para minimizar las oportunidades de fallar para conectar cuando se está predicando?

Mejor todavía, ¿Qué se puede hacer para maximizar las posibilidades de enriquecer las vidas de las personas cuando usted predica?

RECUERDE ESTAS ONCE COSAS 

  1. La persona que usted está representando es al Señor, al Dios Todopoderoso, Señor del cielo y la tierra.

Si estuviera hablando de parte de una gigantesca industria secular, por decir IBM, su sentimiento de fallar sería justificado. Pero ya sea en elocuencia o una desesperación verbal, usted está apuntando a las personas hacia un Dios que llena la eternidad.

Su mensaje Cristo céntrico lleva más posibilidades de dinamismo que cualquier lapso que pueda tener. Es la palabra de Dios, no la de usted.

Porque mis pensamientos no son los de ustedes,
            ni sus caminos son los míos —afirma el Señor—.
Mis caminos y mis pensamientos
            son más altos que los de ustedes;
            ¡más altos que los cielos sobre la tierra!
Así como la lluvia y la nieve
            descienden del cielo,
            y no vuelven allá sin regar antes la tierra
y hacerla fecundar y germinar
            para que dé semilla al que siembra
            y pan al que come,
Así es también la palabra que sale de mi boca:
            No volverá a mí vacía,
Sino que hará lo que yo deseo
            y cumplirá con mis propósitos.
Ustedes saldrán con alegría
            y serán guiados en paz.
A su paso, las montañas y las colinas
            prorrumpirán en gritos de júbilo
            y aplaudirán todos los árboles del bosque.
En vez de zarzas, crecerán cipreses;
            mirtos, en lugar de ortigas.
Esto le dará renombre al Señor;
            será una señal que durará para siempre.

(Isaías 55.8-13, NVI)

[Continuará en la próxima edición.]

Originalmente publicado en SOCAL Connection, agosto, 2007