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Domando una Lengua Dañosa

Por el Rev. Gene Haraldsen
Vicepresidente del Desarrollo Ministerial, Church Extension Plan
Efesios 4:29-32

Primera semana
Yo no quiero ofender a nadie, pero alguien trajo un arma letal a la iglesia esta mañana. Para propósitos de seguridad, nuestros ujieres pudieron haberle preguntado en la puerta a alguien para revisar tal arma letal…pero en realidad no pudieron, porque esta pegada. Estoy hablando-claro-de la lengua.

Santiago habla de esta arma en las Escrituras cuando le llama un fuego ardiente, que no se puede domar, y lleno de veneno mortal. Proverbios 18:21 dice – “En la lengua hay poder de vida y muerte.”

Pablo el apóstol fue apasionado acerca de cómo debemos ser un buen ejemplo para otros y de cómo debemos usar nuestras palabras de tal forma que refleje exactamente la vida de Dios que esta dentro de nosotros.

Este pasaje nos enseña que el caminar Cristiano es un proceso de dos pasos continuamente repetido de dejar hábitos viejos y poner nuevas actitudes y comportamiento que agraden a Dios. Este pasaje se divide con detalle y profundidad acerca de las cosas más importantes que debe saber acerca de cómo comunicarse como cristiano.

Pablo dice que como cristianos es imperativo que dejemos “nuestro caminar obsceno”. ¿Qué esta tratando de decir? En los días de Pablo, la palabra traducida “obsceno” o “corrupto” se usaba para describir a los pescados que habían estado en el muelle por mucho tiempo o fruta podrida que apestaba. Comunicación insalubre se refiere al habla sin valor el cual de alguna forma esta podrida. Puede incluir habladuría obscena, vulgaridad cruda, chisme, rumores, cometarios sarcásticos, groserías, profanidad, y critica inmerecida.

Lo que trato de decir es que hay palabras podridas que salen de la misma boca que bendice a Dios. “No permitas que habladuría obscena salga de tu boca.”

I. Lidiando con los síntomas v. 29-30

Lidiando con los síntomas incluye dos disciplinas:

A. Para evitar y parar cualquier habladuría insalubre

B. Para hablar y edificar a otros

Pablo nos da tres guías para una conversación cristiana, tres preguntas que nos debemos hacer para evaluar nuestras palabras y su efecto en otros:

1. ¿Son de ayuda mis palabras?

¿Lo que digo ayuda o lastima? ¿Le hacen bien a la persona o daña o desanima a otros de alguna forma?

2. ¿Son constructivas mis palabras?

¿Edifican a la persona con la cual hablo y lo anima o lo rebajan de alguna forma?

3. ¿Necesitan mis palabras?

Muchas veces somos muy descuidados con lo que decimos. A veces decimos las cosas de tal manera que somos de tropiezo en su caminar con Dios. Evaluaciones sin cuidado, comparaciones, comentarios, preguntas, asunciones desatrampadas – la gente le hacia esto a Jesús todo el tiempo…tontamente evaluándolo en asunciones mal entendidas, condenándolo por directas de la escritura mal aplicada, asumiendo lo peor de el sin la verdad para respaldarlo. Jesús sabia como tomar palabras dañosas sin alguna dificultad por quien era el…pero cuando uno de nosotros hacemos lo mismo con otros, probablemente lastimaremos a nuestro amigo o hacerle daño a la relación. Dios dice que no debemos hacer eso. Aquí están los tres criterios de Dios para gobernar sabiamente nuestras palabras: ¿es de ayuda, es constructiva, es necesitada?

El punto no es que Dios quiera que nos quedemos callados acerca de asuntos espirituales. Si sabemos que Dios quiere que le hablemos a un amigo acerca de algún asunto espiritual, entonces debemos ir a esa persona con un claro entendimiento que nuestra responsabilidad bíblica y tener una platica buena, haciendo preguntas para clarificar, y compartir tu preocupación. Estate listo para animarlos y orar por ellos. De esa manera, estamos haciendo bien lo que Pablo dice en el verso 25 acerca de hablar la verdad en amor. Hablando la verdad en amor no siempre incluyen palabras bonitas y placenteras, porque puede incluir preguntarle alguien una pregunta dura o confrontar alguien por algún problema, o tal vez a pedir perdón cuando has hecho algo mal. Esas cosas no siempre son bonitas o cómodas, pero pueden ser de ayuda, constructivas, y necesitadas.

Entonces, aquí esta la aplicación: Comience a ver a toda tentación de usar palabras que condenen, acusen, o critiquen. De comenzar un chisme, una señal de usar su lengua para hablar palabras integras. Cada vez que usted vaya a decir algo malo o profano, que sea una señal en su mente y piense, “aquí esta mi oportunidad para dejar lo viejo y hacer algo nuevo, diciendo algo que no solo es sano, pero que también ayude, construya, y sea necesitado.”

¿Por qué es tan importante esto?
Para estar en compañerismo con el Espíritu Santo.
El verso 30 nos da la razón – “No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención.”

El agraviar a una persona significa lastimar sus sentimientos profundamente, significa traer tristeza y dolor emocional a su corazón. Cuando usamos palabras obscenas, también agraviamos al Espíritu Santo que vive en nosotros. ¿Qué pasa cuando lo agraviamos, cuando lo ofendemos? ¿Toma sus maletas y nos deja? ¿Perdemos nuestra salvación? ¡No! Pablo dice aquí que como cristiano has sido sellado con el Espíritu Santo. Este sello es la marca de Dios en tu vida y la garantía de su amor y deseo de tener una relación contigo. En el mundo de los negocios, un sello en una carta registrada es una promesa del Servicio Postal de que los contenidos anexos llegaran bien al destino deseado sin algún daño. Dios dice que como cristiano, El te ha sellado con Su Espíritu Santo hasta el día de la redención, el cual es cuando Cristo regrese para darte un cuerpo resucitado. Entonces, si eres salvo, el sello del Espíritu Santo te alista para el cielo, para que cuando agravies al Espíritu, Dios trabajara contigo para corregirte. El nunca se dará por vencido y nunca te dejara.

Si esto es cierto entonces, ¿cual es la consecuencia por agraviar al Espíritu a través de nuestra lengua indisciplinada? Esta es: agraviando al Espíritu resulta en una pérdida temporal de compañerismo con Dios.

Es lo que pasa cuando le gritas a un familiar y te sales enojado del cuarto; has agraviado a esa persona, los has cortado y lastimado con tus palabras, y como resultado la relación es lastimada, el sentido de acercamiento y armonía ya no esta.

¿Cómo se puede resolver este problema de haber agraviado al Espíritu? Debemos lidiar con el problema que lo agravio en primer lugar confesando nuestro pecado y luego corregir el problema comprometiéndonos a ser obediente a la voluntad de Dios. Solo esto restaurara nuestro compañerismo con Dios.

II. Lidiando con las Causas Raíces v. 31-32
Una cosa es notar los síntomas de un problema y otro es lidiar con las causas raíces. Esto es lo que Pablo nos anima a hacer.

A. Debemos deshacernos de las causas de palabras obscenas – v. 31
B. Debemos imitar la vida de Cristo Jesús – v. 32

En el verso 31 Pablo expone 6 actitudes feas. Lea v. 31
Veamos las primeras cinco actitudes.
Primero, la palabra amargura habla de un espíritu amargo, una perspectiva de la vida irritable, negativa, y cínica que produce opiniones duras y feas de las personas. Es una actitud resentida de un corazón que rehúsa olvidar agraviamiento y ser reconciliado.

Segundo, la palabra rabia habla de expresiones fuertes de enojo, acompañadas de algún tipo de explosión y luego palabras de odio y sigue con comportamiento fuerte.

La palabra enojo se refiere a una hostilidad de largo plazo, crónica, y habitual que continuamente hierve por dentro. Muchas veces incluye estar con un deseo de lastimar alguien y buscar venganza.
La palabra alboroto describe a una persona que se emociona tanto en un pleito que levanta su voz y comienza a gritar fuerte, gritando para alborotar a alguien, intimidarlos y controlarlos.

Quinto, la palabra calumnia se refiere a palabras dichas detrás de alguien el cual los lastima, los insulta, y destruye su reputación a través del chisme y rumores. Si somos bien honestos, la mayoría de nosotros somos culpables de esto. Debe captar nuestra atención que este pecado “callado” esta en la lista de los otros pecados “escandalosos”. Debe captar nuestra atención que este pecado “sutil” esta entre los mas “obvios”.

Una historia verídica acerca de una familia en particular puede enfocarnos un poco en esta área. Hace varios años un hombre tuvo una discusión con su esposa y luego se fue para hacer unas cosas. Cuando regreso varias horas después, había coches de policías en frente de su casa. Mientras que el se fue, su esposa mato a sus dos hijos y ella misma en un momento de desamparo. La policía averiguo que un vecino había comenzado un rumor que el le había sido infiel a su esposa. Su esposa creyó el chisme. Fue más de lo que pudo soportar. Para escapar del dolor, se elimino ella y a sus dos hijos del efecto de los rumores, pero el rumor no era cierto. ¡Y aun así el daño fue hecho!

¡Pablo le llama a este pecado, Calumnia! ¿Cuantas veces hemos sido culpables de este aunque no era serio? ¿Cuántas veces hemos lastimado a otros y el trabajo de Dios porque no nos podíamos quedar callados?

Proverbios 11:13; 20:19; 25: 9-10

Una señora en nuestro compañerismo me dio esto – una palabra de su abuela – “¡Antes de que se diga una palabra-tu eres el dueño de ella. Después de que se diga una palabra-es el dueño de ti!”

Algunos cristianos murmuran tratando de hacerse ver bien – “Oh, yo quiero orar por tal y tal” o “No puedo lidiar con esto sola, prométeme que no le vas a decir a nadie-es un secreto.” Supongo que ya saben que tratar de mantener un secreto es como tratar de que un gallo no cante por la mañana.

Alguien dijo – “Yo puedo quedarme con un secreto, pero a la gente que se lo digo no puede.”

Algunos de los errores mas grandes en la vida vienen porque lo que decimos. Déjame agregarle a eso-antes de que compartamos algún chisme acerca de alguien más, debemos preguntarnos las siguientes cosas:

1-Si esto fuera dicho acerca de mí o mi familia, ¿quisiera que mis amigos lo compartieran con otros lo que voy a decir?

Orar- (fin de la primera semana)